domingo, 28 de febrero de 2010

Tempo


















Esperar. Una imperecedera y larga espera de la que jamás llegamos a cansarnos porque uno tiene muy claro quién es la que realmente espera a la vuelta de la esquina. Ella no tiene prisa. Se lo toma con calma, y lo que para nosotros son días y años transcurridos, para ella no es más que una cuenta atrás con la presencia del cero. Empero, nos pasamos la vida esperando.

“Algún día regresará”. Y nunca regresa.

Descorazonamos al tiempo para que éste no termine por deshojarnos a nosotros. Y en esa sempiterna expectación se nos descuelgan las lágrimas para regar a los segundos, rezando para que no se nos mueran en las retinas, tan áridas como yermas. Porque llorar, llorar llora todo el mundo. Hasta los sauces lo hacen.

Correr como descosidos, de un lugar a otro, con la sensación de que llegamos tarde a alguna parte, como si realmente alguien te esperara (ella lo hace). Todos ofuscados ante la posibilidad de retrasarnos a la meta, y estando tan cegados que no comprendemos que si todo el mundo busca, (no) hay nadie que espera.

Todos esperando tanto tiempo, que al final nada llega. Y lo que llega se va con tanta facilidad como ha venido, por lo que nos quedamos con el regusto amargo de su fugacidad.

“El tiempo es oro”, así como “la paciencia es la madre de la ciencia y de las virtudes”. Pero tanta paciencia y tanto tiempo, tanta seguridad de controlar a los segundos que al final nos perdemos con todas esas medidas horarias, los cronómetros, los relojes suizos, los meridianos, los paralelos… Porque lo que realmente nos cuesta aceptar es que el tiempo ni siquiera existe para nosotros. En su lugar hay una espesa y densa atención desmesurada por “el qué pasará”, para terminar dándonos cuenta de que no pasa nada, quedándonos tranquilos al fin, ya que la incertidumbre siempre ha sonado mal en boca de cualquiera.

9 comentarios:

galicia maravillas dijo...

El tiempo tiene su propio ritmo y nosotros con nuestros latidos lo hacemos acelerar o ir despacito, lo que pasa es que cuanto menos queremos que corra allá va él y coge carrerilla :) el muy pillo!! Un biquiñooo:) y feliz semana:)

X dijo...

La incertidumbre es lo peor. A veces es mejor incluso que el tiempo se acabe y empiece el siguiente reloj.

Diario de un PEaton dijo...

usted es una mina encantadora, un angel menos dos alas, tiene un aura dulcisima que captura al instante.
Me declaro como siempre un lector que devora sin prejuicio alguno sus textos, sus boleros poeticos, apurando las lunas, y los sueños,

sIENTO una gran admiracion por ti,
cuidate.

se feliz!.

nati dijo...

el tiempo es una persepción.

Betzabé!!! dijo...

Y cuando se juntan la incertidumbre y la arena en el fondo de un reloj, lo único que nos queda es esperar a ver qué pasa al siguiente segundo.

Creo que mi profesora de filosofía se tiraría de un puente si leyera uno solo de tus escritos xD.

Besos!!!

V dijo...

Me viene bien lo que has escrito, últimamente tengo grandes dilemas con el tiempo...

No sé si buscar un determinado "algo" o esperar a que llegue.
Buscarlo podría provocar malas consecuencias pero, a su vez, esperar puede inducir a que nunca llegue.
Y, de este modo, ante cada pequeña circunstancia que me acontece, escojo un camino u otro del que en ciertas ocasiones me arrepiento y otras... fortuna queda al final.

Y, a todo esto, se suma... la velocidad que toma el tiempo a veces, y la lentitud con la que decide pasar en otras.

Es un estorbo aunque, me siento afortunada de tenerlo, pues es el mejor regalo que me podrían haber hecho (sonrisa).

¿No lo ves así?
Un abrazo:

V

Vilma dijo...

Gracias de verdad por tus palabras, estoy bastante DESORIENTADA ULTIMAMENTE.

VILMMMMMA

Gaspard Dashkov dijo...

Genial reflexión, Laura :)

Tuki (desde la pompa) dijo...

Por muy malo que sea lo que venga,lo peor es la espera,ese tiempo en suspenso hasta que viene.Me gustó tu blog