domingo, 14 de abril de 2013

Sommerregen



 

Remamos hasta que los músculos se nos entumecieron a causa del viento de primavera. Propuse que fuéramos al lago porque en casa todavía olía a pintura fresca y me mareaba con frecuencia. Me escocía la piel por haber escogido el sendero plagado de zarzas, por haber pedaleado con demasiada fuerza. Pero aquella vez no sollocé, sino que me limité a ayudarle a remar hasta que el sol alcanzó su cenit. En círculos, sin trazado definido, sorteando obstáculos invisibles torpemente, del mismo modo que él huía de los silencios como quien rellena tarros de miel. Con palabras dulces, pegajosas y escurridizas, de las que se adhieren al paladar y dejan tanto rastro que permiten inculparnos con el paso del tiempo. ¿Cómo podía anhelarle si él estaba allí mismo? Una nostalgia prematura y sin aparente fundamento se me apilaba bajo el miocardio. Tirité violentamente, con la excusa de que fue a causa de la brisa de mediados de abril. El sol había comenzado su descenso sin cuerdas, tiñendo de naranja melocotón el límpido horizonte. ¿Cómo podía marcharse si esta mañana estuvo ahí mismo?

6 comentarios:

Srta.While dijo...

(muda con esas fotos, pero muda de verdad)

batidos de
vainilla.

Nahuel dijo...

como siempre, muy hermoso...y como encantan tus fotos.

Abismo dijo...

Esa primavera de contrastes... de sabores, qué bonito lo escribes siempre.
Las fotos, impresionantes!

Besos abisales

Mara dijo...

Me encanta la comparación que haces al final con el sol, de cómo se marcha, y esta frase "El sol había comenzado su descenso sin cuerdas, tiñendo de naranja melocotón el límpido horizonte". Preciosa forma de describirlo. Y el estremecimiento en el que tiritas violentamente, es como si lo hubiera podido sentir.

Las fotos magníficas como siempre, vaya paisaje, me gustaría estar en un sitio así ahora mismo.

un beso, schatzi.

Un tipo encantador dijo...

Preciosas fotos!

Jorge Ampuero dijo...

Casi todo es mutable ante los ojos, quizá para que lo que llevamos dentro permanezca.

Besos ;-)