domingo, 11 de agosto de 2013

Estación de encuentro




No hay nada más cierto que esta piel que se pudre, que estos pies que se cansan de caminar y esta niebla que anega los ojos. Podríamos hablar durante horas, debatir sobre qué hay al final del trayecto y tejer las próximas despedidas, pero nos mantenemos en silencio, con las palabras enredadas en los labios y dos corazones arrítmicos que nunca saben ponerse de acuerdo. Y esa lista infinita de “podríamos” nos brinda alas y al mismo tiempo nos ata al suelo, nos subyuga a la posibilidad de que nunca se cumpla.
La estación está ante mí, como un monstruo de hierro que no duerme, una máquina de sueños que empapa de luz y humo la ciudad. Siempre pienso que son lugares donde se fabricaban las historias, donde el mundo parece un poco menos grande y las manos juegan a desenlazarse.

Con pasos trémulos y ausentes, bajo la atenta mirada de un revisor que no parece reparar en mi nerviosismo, me adentro entre el gentío y comienzo a buscar. Observo como una niña que supervisa minuciosamente un escaparate de una tienda de juguetes, intentando localizar algo que haga girar los engranajes de mi corazón, oxidados por el paso del tiempo. Mis ojos recorren inquietos cada rincón de la estación, se posan como golondrinas sobre los andenes, los raíles y la cúpula de vidrio que se yergue sobre mi cabeza, hasta el punto de que este incesante revoloteo acaba por marearme. Creo que empieza a llover, o acaso es producto de mi cansancio. Y las gotas de lluvia martillean mis sienes, las agujerean hasta que no hay nada más que un andén vacío y un mecanismo roto que no deja de traquetear. 

4 comentarios:

Nahuel dijo...

un placer como siempre leerte, mucha nostalgia and sadness.

Saludos, Nahuel.

Leonard dijo...

El ultimo párrafo me encanto a sobre manera, me gusta la descripción y ese tono melancólico.
Es una lastima que ahora solo escribas una vez al mes, pero por lo menos aun nos permites leer tus palabras e historias.
Un beso preciosa.

Ana dijo...

Lluvia, ¿eh? Es triste marcharse, pero supongo que lo es más no poder despedirse.
Me ha encantado el texto, como siempre :)
¡Un besazo!

Mery Coda dijo...

¿Llegó el tren y subió o la lluvia no le dejó verlo y se quedó sin saber lo que había más allá?

(sonrisa de elefante)