domingo, 15 de diciembre de 2013

Alter Friedhof in Neuburg



Sus pensamientos apenas le permitían leer. Si comenzaba un párrafo, allí estaba el recuerdo, terco e incansable. Incluso al anudarse los zapatos o cuando se despertaba en mitad de la noche, empapada en sudor y acurrucada sobre sí misma por los cólicos que el alcohol le provocaba, allí anidaba el pasado, turbio como el agua de río que arrastra arenisca. Y yo la veía tiritar, como un animal extraviado, con parálisis del sueño que rayaban la locura y que le hacían buscar el calor de la almohada. Calor propio. Ni siquiera el canto de los pájaros al día siguiente conseguía calmarla. Se resguardaba en el silencio de un desayuno demasiado copioso para tan poco cuerpo. Cuerpo roto y desahuciado. Porque el alma había huido, o acaso la habían echado.

Ringsum ist Felseneinsamkeit.
Des Todes bleiche Blumen schauern

3 comentarios:

Leonard dijo...

Un párrafo que posee descripciones excelentes. Me ha encantado.

Suerte preciosa.

Mery Coda dijo...

A lo mejor, si silba bien fuerte, consiga que vuelva.


(sonrisa de elefante)

PD: qué placer leerte después de un tiempo sin poder pasarme por este rinconcito.

V dijo...

Antes de nada, feliz año, escritora. Es curioso, pero si bien es cierto que me pasa muy a menudo no poder leer ni un párrafo por culpa de los delirios, al leerte mis pensamientos se centrar y bailan en tus palabras.

Quizá mi alma no haya huido...
Un besito,

V