viernes, 27 de junio de 2014

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La ciudad, macilenta e infectada, no era más que un reflejo de aquella pesadilla que se materializaba constantemente, que se negaba a desvanecerse. Y había un llanto mudo, perpetrado por unos ojos que no se atrevían a humedecerse, por unos labios que, indiferentes al dolor ajeno, cometían la insensatez de entreabrirse en momentos en los que el silencio quería llevar la voz cantante. Ella sabía que no y, no obstante, allí estaba la convicción de que quizás sí. Ese ínfimo margen de duda se expandía hasta abarcarlo todo, influyendo de manera irreversible todas y cada una de las decisiones que tomaba. Así, la posibilidad acabó asesinando lo que una convicción amarga podría haber salvado. 

3 comentarios:

Nahuel dijo...

siempre es grato pasar, hermoso.

Saludos, Nahuel

http://sendadelnahuel.blogspot.com/

Ana dijo...

Conciso pero precioso. Me encantan tus palabras :)

¡Un abrazo!

Pablo V dijo...

¿Que pensás de esto de demostrar que uno no es un robot para poder comentar? Hablar de discriminación en este caso es estúpido, pero que hay de la ironía de ser parte anexada a una computadora, una maquina que procesa información infinita en una infinidad minúscula de segundos? En que plano nos sitúa? Como nos vemos a nosotros mismos? No pensaba comentar. Nunca pienso en comentar, siento que no hay qué agregar. Pero me resonó una canción de Damon Albarn y, quizás, después de todo los robots sí fueron creados a nuestra imagen y semejanza; y son el reflejo de nuestra misma insensibilidad. Entonces se me ocurrió esta analogía extraña de que ningún ser insensible puede comentar; lo que me parece justo hablando de tu blog, pero inevitablemente me hace pensar en como los hombres negamos enfáticamente aquello que somos; quizás intentamos que el mundo no se parezca tanto a nosotros mismos y así, cada tanto, poder seguir asombrándonos.
Un saludo, disfruto leer tu blog.